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A los pies de 12 sacerdotes de la diócesis de Roma, el Papa, este Jueves Santo, en la Misa in Coena Domini, afirma que el gesto gratuito y humilde de lavar los pies, muestra la omnipotencia de Dios, pues el Señor se arrodilla para lavar al hombre, por amor a él, un ejemplo de entrega, de servicio y de amor.
 

Alina Tufani Díaz- Ciudad del Vaticano

Como Jesús a sus Apóstoles, en este Jueves Santo, León XIV en un gesto de humildad y misericordia ha lavado los pies a 12 sacerdotes de su diócesis, en la Misa in Coena Dominicelebrada, esta tarde, en la Basílica de San Juan de Letrán, Catedral de Roma. Cumpliendo la voluntad del Señor de dar un ejemplo de entrega, de servicio y de amor lavándonos los pies los unos a los otros, el Papa recuerda que al lavar nuestra carne, Cristo purifica nuestra alma, nos libera y nos da la vida.

TEXTO COMPLETO DE LA HOMILÍA

En este Jueves Santo, “un día de ardiente gratitud y de auténtica fraternidad”, como lo describe el mismo León XIV, en el día del banquete con el que Jesús instituyó la Eucaristía, el “Sacramento de la salvación”, en la tarde que nos introduce en el Triduo Santo de la pasión, muerte y resurrección del Señor, “cruzamos este umbral no como espectadores, ni por inercia, sino involucrados de manera especial por el mismo Jesús”.

La celebración en la basílica constantiniana, asumió un tono de recogimiento y austeridad. Cardenales, obispos y sacerdotes de la Curia Romana y del Vicariato romano y numerosos fieles participaron en la primera Misa in Coena Domini de Robert Prevost, como Pontífice.

Invitados a la Cena

Invitados a la Cena en la que el pan y el vino se convierten para nosotros en Sacramento de salvación, el Santo Padre recuerda en su homilía, que en ese banquete el amor de Cristo se convierte en gesto y alimento para todos, revelando la justicia de Dios.

Durante esa Última Cena – explica el Pontífice – Jesús lava los pies de sus discípulos pidiéndoles que hagan a los otros lo mismo que Él ha hecho a ellos, una tarea que debemos asumir como alimento para nuestra vida.

Lo que el Señor nos muestra, tomando el agua, la palangana y el delantal, es mucho más que un modelo moral. De hecho, nos entrega su propia forma de vida; lavar los pies es un gesto que resume la revelación de Dios, un signo ejemplar del Verbo hecho carne, su memoria inconfundible.