“Jesús, después de haber proclamado las Bienaventuranzas, nos invita a entrar en la novedad del Reino de Dios y, para guiarnos en este camino, revela el verdadero significado de los preceptos de la Ley de Moisés”. Con estas palabras, el Papa León XIV inició su alocución previa a la oración mariana del Ángelus del 15 de febrero, VI domingo del tiempo ordinario.
Asomado desde la ventana del Palacio Apostólico, el Santo Padre, reflexionando sobre una parte del “sermón de la montaña” que propone el Evangelio del día, explicó que estos preceptos “no sirven para satisfacer una necesidad religiosa exterior y sentirse bien ante Dios, sino para hacernos entrar en la relación de amor con Dios y con los hermanos” . Y por eso – puntualizó – “Jesús dice que no ha venido a abolir la Ley, ‘sino a darle cumplimiento’”.
Para hacer ver la diferencia entre una “justicia religiosa formal” y la “justicia del Reino de Dios”, el Obispo de Roma explicó que Jesús examina algunos preceptos de la Ley que se refieren a casos concretos de la vida y lo hace utilizando las antinomias. Así, por una parte, Jesús afirma: “Ustedes han oído que se dijo a los antepasados”, y, por otra: “Pero yo les digo”.
Jesús nos hace “hijos del Padre”
Este planteamiento nos dice “que la Ley ha sido dada a Moisés y a los profetas como un camino para empezar a conocer a Dios y su proyecto sobre nosotros y sobre la historia”, observó el Santo Padre, pero ahora, “Él mismo, en la persona de Jesús, ha venido entre nosotros llevando la Ley a cumplimiento, haciéndonos hijos del Padre y dándonos la gracia de entrar en relación con Él como hijos y hermanos entre nosotros”.
